Alvaro Urkiza

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Canadá existe

En Canadá, y de nuevo en la carretera, mis manos sostienen el volante que dirige once metros de cacharro rodante. Nuestra autocaravana de alquiler se disloca a lo ancho apretando un botón. Es un auto muy norteamericano, desmesurado, de entrañable mal gusto y totalmente automático.

Miro adelante, dirijo la maquina y silbo a la radio. Siento un eco que me guía: es la fiebre del oro que determina este impulso dorado, absurdo e inconveniente. La misma fiebre que trajo a estas tierras a tanto buscador armado de pala y esperanzas.

Intuyo un respiro en los horizontes con gigantismo y un sosiego hecho de glaciares y de mayoría animal. El Yukón pertenece a mi alma infantil; los rápidos y los osos admiran mi estampa mestiza y trampera, casualmente desenfadada, impostada y ladrona. De esta manera hago realidad ensoñaciones hechas de libros y TV en la niñez.

Pero avanzamos, cruzamos este país adolescente. Canadá se ha curado los granos del conflicto americano a base de temperancia y de respeto social, abrumados sus habitantes por la enormidad natural y sobrecogedora que contiene el dibujo de sus fronteras.

Los totems de las primeras naciones y los postes de teléfono se estiran paralelos al asfalto y las vías tímidas del ferrocarril surcan el bosque montañoso. Resulta fácil entender que la historia de Canadá se escribió en la conquista de la naturaleza, en la construcción épica de vías de comunicación y no por el genocidio de las comunidades indias, como ocurrió en USA.

Es el segundo país mas grande del planeta y con solo 30 millones de habitantes humanos. Estas áreas se patrullan en avión, la poli te ve desde lo alto y así se consuma el orden celestial.

Aquí los incendios se respetan como fenómenos regeneradores, se provocan, igual que los aludes. En 60 años cualquier espesura se endemonia e impide la vida de mamíferos en su asfixiante entramado vegetal. Los osos y los caribús salen del bosque en verano escapando de los mosquitos. Solo en el parque de Jasper murieron casi 150 animales atropellados el año pasado.

Los humanos somos minoría en Canadá. Hay mas animales «salvajes» que personas «civilizadas». En la Columbia Británica el autoestop es delito, tanto para el que solicita como para el que recoge. A partir de las 10 no se vende alcohol y beber en lugares públicos esta prohibido en el vecino estado de Alberta.

Las indias no sonríen a la foto que disparo desde la caravana al cruzar la reserva. Derribaron sus tótems y clavaron enormes cruces del progreso en su lugar. Los recién llegados les concedieron subsidios de alcoholismo y el derecho a vivir de prestado en sus propias tierras. El gobierno esta preocupado por la tasa de suicidio aborigen y por el aumento de los osos negros.

Tres mil Kilómetros rodados por la Transcanadá Highway, la 99 norte, y solo me llevo un destello de enormidad en la retina y una sensación de infinito, de pequeñez propia y de naturaleza virgen. Tal y como debía ser Europa antes de sufrir el cáncer destructivo del progreso y la civilización. I Love Canada.

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2 comentarios en “Canadá existe”

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