Alvaro Urkiza

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País Nómada, de Jessica Bruder

País Nómada (‘Nomadland: Surviving America in the Twenty-first Century’) de Jessica Bruder, editado por Capitán Swing

“Home is where you park it”
(El hogar está dondequiera que aparcas)

País Nómada, de Jessica Bruder, no es una novela. ‘Nomadland’ es un viaje intenso y apasionante al corazón de un fenómeno social casi desconocido. Decenas de miles de personas llaman hogar a sus desvencijadas furgonetas o autocaravanas, empujadas al desarraigo y la carretera por un sistema que les da la espalda. Bruder convive tres años con esta creciente comunidad de Houseless (sin casa), que no Homeless (sin hogar), y nos narra su experiencia en un brillante ejercicio de periodismo inmersivo. Son la mayoría de estos nuevos nómadas hombres y mujeres blancos mayores de 50 años que viven en sus vehículos recorriendo los Estados Unidos en busca de trabajos temporales y lugares donde aparcar y sobrevivir.

De la carreta a la furgo

Los vehículos sobre ruedas, como los barcos, han sido siempre sinónimo de independencia, de libertad. Los marinos escapan en sus singladuras de las esclavitudes de la vida en puerto y establecen su propio código de comportamiento, un ideario y una ética distintas. También lo hacen aquellos itinerantes que se desplazan sobre ruedas por la superficie de la tierra.

La carreta de los gitanos, la de los pioneros americanos en la «conquista del oeste», los coches sin rumbo que atraviesan las autopistas de USA en la Generación Beat, los hippies en sus clásicas furgonetas VW, los más modernos y pequeñoburgueses viajeros que disfrutan la moda del turismo en vehículos camper… Y ahora también estos ‘Workampers’. Todos, de alguna manera, buscan en una vida nómada librarse de las ataduras sociales, de los convencionalismos que limitan o impiden su felicidad y realización personal.

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En todos estos casos hay grandes diferencias entre la visión romántica del estereotipo viajero y la realidad a veces cruda, y en el caso de los workampers descarnada, de esa vida ‘en el camino’. País Nómada profundiza en este fenómeno y en las personas que lo componen de manera magistral. Sin perder el pulso narrativo, manteniéndote siempre interesado, en un equilibrio perfecto entre la documentación de los hechos, la perspectiva humana y conmovedora y las aventuras vividas recorriendo los Estados Unidos.

El Pacto Social 

Muchos estadounidenses creen firmemente que si siguen un «Pacto social» no escrito, si cumplen con las normas básicas de un buen ciudadano (estudiar, obtener una cualificación laboral, no cometer delitos, celebrar las fiestas patrias, hacer el servicio militar, pagar sus impuestos, etc) el estado se ocupará de que nada malo les ocurra al final de sus vidas.

Cuando personas que llevan cumpliendo ese pacto durante muchos años, como la mayoría de los protagonistas de País Nómada, ven como sus hipotecas o alquileres se colocan muy por encima del sueldo mínimo que cobran en sus trabajos de supervivencia, que comer, ir al medico o comprar ropa de abrigo y al mismo tiempo pagar por su casa resulta imposible con las exiguas pensiones de jubilación que reciben (sobre todo las mujeres), cuando son victimas de alguna estafa bursátil, cuando comprueban que los gastos sanitarios, las pensiones de divorcio o los intereses de prestamos de estudios son imposibles de afrontar por muchos trabajos que compaginen a la vez, entonces descubren que ese Pacto Social no existe más que en sus cabezas.

El Estado no está. Y solo queda la carretera.

La vida en la carretera

Con lo poco ahorrado, con sus últimos dólares, estos desheredados del sistema compran algún cacharro lleno de años, oxido y averías y lo arreglan y adaptan como vivienda. Antiguas ambulancias, autobuses escolares, camiones y furgonetas de reparto, monovolúmenes, coches funerarios y cualquier tipo de vehículo imaginable pasa a convertirse en un hogar, en una verdadera balsa salvavidas para ellos. Abandonan sus casas y pertenencias, dejan atrás una vida sedentaria imposible de sostener y se lanzan, en la mayoría de los casos por vez primera y en su madurez, a la carretera.

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Pero se asesoran, reciben consejos y tutoriales. Van aprendiendo y mejoran sus condiciones de vida dentro de lo posible. Internet está aquí y lo utilizan. Llama la atención descubrir en el libro de Bruder que estos nómadas alternativos del S XXI, casi fuera del sistema, vagando por todo el país en busca de trabajo y cobijo para sus hogares rodantes, usan internet y las redes sociales como una herramienta más de supervivencia: tienen perfiles de Facebook donde se comunican novedades, cuelgan fotos o cuentan su estado y actividad, crean páginas web donde relatan sus experiencias y pensamientos o graban y suben vídeos, como el mítico gurú del nomadismo moderno, Bob Wells, que en su canal de You Tube, Nomadland., da completa información sobre la mejor manera de llevar una vida itinerante. Ya pertrechados con lo básico, con las manos al volante, estos nuevos nómadas se enfrentan al primer y gran dilema: ¿Dónde ir?

Viajar al ritmo de las estaciones

Tienen lo necesario para sobrevivir en sus vehículos, el deposito lleno de gasolina y nuevas esperanzas, y se lanzan a la dura tarea de reinventarse con optimismo y determinación. Pero, ¿a dónde ir? El libro nos describe como el clima y las oportunidades de trabajo determinan sus viajes. Se rutea para recolectar remolacha, fresas o cualquier producto agrícola, se sobrevive vendiendo arboles de Navidad, calabazas en Halloween o fuegos artificiales para el Cuatro de Julio en los márgenes de la carretera (y de la legalidad). Se ganan la vida sufriendo jornadas extenuantes y mal pagadas en los almacenes de Amazon… Todo es bienvenido para continuar llenando los depósitos de combustible y los estómagos con una comida caliente, para seguir adelante.

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En invierno, los workampers se reúnen en enormes explanadas bajo el sol del desierto de Arizona. Miles de ellos se arremolinan aparcando en absoluto desorden creando pueblos espontáneos, un caos amable parecido al ambiente de un festival de música. Allí se descansa, se socializa, se cuentan novedades y chismes, se habla de trabajo, de salud, se intercambian noticias importantes, se compran, venden y arreglan sus vehículos/casa. Y también se ama.

En verano, en la temporada alta del turismo, muchos nómadas suben a los campings de montaña en los parques nacionales como Yosemite. Trabajan allí durante unos meses limpiando las parcelas y los baños, atendiendo a los campistas y manteniendo todo en orden. Por ese trabajo reciben una plaza de aparcamiento gratis para sus casas y un sueldo irrisorio. Así, en esta distopía real, vemos como los campings pasan de ser lugares de ocio a convertirse en medios para ganarse la vida, y cómo las autocaravanas y furgonetas de placer se convierten en herramientas de trabajo y verdaderos salvavidas.

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Estos trabajos que los nómadas aceptan para sobrevivir, a menudo en condiciones duras y mal pagados, tienen su epítome, el ejemplo más radical y sórdido, en las labores que realizan para la mega compañía Amazon. La crueldad de sus labores allí, el trato inhumano recibido, lo surrealista de la situación y las contradicciones del capitalismo que desnuda este caso merecen un capítulo propio.

Amazon y su programa ‘CamperForce’

La compañía Amazon tiene más de 50 instalaciones asignadas al programa CamperForce por todo EEUU. Son enormes recintos donde se emplea a los adultos que viven en sus vehículos en labores de almacenaje y clasificación de paquetería. Estas personas nómadas, en su mayoría de edad avanzada y muchas ya jubiladas, reciben un lugar donde aparcar gratis sus hogares, comida y algo de dinero, y deben cumplir jornadas extenuantes de 10 e incluso 12 horas de trabajo. Son mano de obra barata para Amazon, una empresa que además recibe una subvención del gobierno por darles empleo con este programa y así ‘favorecer a los más necesitados’. Los reclutadores del emporio Amazon van a los parking de caravanas donde viven estos workampers y ofrecen el trabajo en los almacenes CamperForce como una oportunidad de socializar al lado de un buen fuego, de reencontrar viejos amigos del camino y de hacer nuevas amistades ganando dinero.

Cuando nuestros viajeros llegan a esos almacenes, lo primero que ven son cientos de botes de analgésicos que la empresa regala a los trabajadores. Las lesiones, luxaciones, desmayos o caderas rotas son habituales. El gigante empresarial Amazon del magnate Jeff Bezos ingresa miles de millones de dólares de beneficios al año. ¿Tan complicado sería pagar un sueldo digno y ofrecer unas condiciones de trabajo decentes a sus empleados en los CamperForce?

Esta, como otras revelaciones del libro, provoca al lector un intenso desasosiego, la percepción de lo inhumano del sistema en que vivimos, los índices de explotación y crueldad de las grandes compañías multinacionales. También sentimos la vulnerabilidad de las personas que sufren esos abusos impunemente. Es terrorífico y real. Pero País Nómada es mucho más que eso. Es también un libro de aventuras y un canto optimista a la naturaleza humana, a la libertad y la esperanza. Es la historia conmovedora de Linda May, Coco y The Squeeze Inn.

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Linda May, Coco y el Squeeze Inn

Jessica Bruder se integró en la comunidad rodante de nómadas workampers acompañando las aventuras de una persona entrañable: la sexagenaria y resiliente Linda May, que vive en su caravana bautizada The Squeeze Inn (traducida en el libro como ‘Posada hazte sitio’) con su fiel perra Coco. Linda y Coco personifican, ponen cara, nombre y apellidos, a los protagonistas de una realidad dura y conmovedora: una multitud de resistentes optimistas que, al no poder seguir pagando por una casa ‘de ladrillo’, se reinventan sobre ruedas encarnando el ideal romántico y pionero del ‘salvaje oeste’, libres de ataduras, viviendo en la naturaleza. Y al mismo tiempo personificando a los damnificados de una crisis económica que se ceba en los desfavorecidos y enriquece aún más a los poderosos.

La autora nos conduce con voz ágil, documentada y amena por las azarosas rutas de esta nueva tribu errante, por sus desventuras y estrecheces, por la dureza de sus condiciones de vida y la fragilidad de su futuro. Pero también retrata fielmente a tipos humanos inolvidables, llenos de solidaridad y ternura, de resiliencia, humor y esperanza. De humanidad en su expresión más conmovedora y sincera. Conocemos a exdirectivos en paro, pequeños empresarios arruinados, predicadores de parroquias desaparecidas, obreros despedidos a causa de su edad, amas de casa estafadas por compañías de seguros, trabajadores desempleados sin cualificación y exprofesores universitarios. Una tribu heterogénea pero unida por la determinación de sobrevivir y la solidaridad de los marginados. Una comunidad nueva que se mueve en los limites de nuestra sociedad pero que se resiste a dejar de soñar con una vida mejor.

Como dice Jessica Bruder en este excelente libro: «Luego, de madrugada – antes de que nadie advierta su presencia -, (los nómadas) vuelven a la carretera. Siguen adelante reconfortados por una certeza. Un aparcamiento es el único espacio libre y gratuito que aún queda en Estados Unidos.»

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