Alvaro Urkiza

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Hector «La Voz» Lavoe

La voz

Guayakill es bonito, biutiful. En el Guayas hay mucho corazón. Está en los barrios y en la cerámica de Machalilla. Todavía, y puede que por siempre, se baila con Hector Lavoe. Un Dios.

En Montañita, Ecuador, orillada al Pacífico, yo era Surf Instructor. Ganaba bien y el gramo costaba 5 dólares USA. Una mezcla de nativos Borbor y malcriados de gran corazón fueron mi familia. Tatuadores, dilers, músicos, pintores o diputados. Además de los expatriados de paso; argentinos, colombianos o gringos como yo. Imposible hacer una lista de nombres.

La ola, la derecha del puntal, es una onda princesa, gorda en alta y chupona cariñosa en marea baja. Una olaza. Me regaló momentos que nunca olvidaré, gloria. Qué decir de Mompiche o de otras joyas discretas del surf Ecuatoriano.

El pelicano sobrevuela entre leyendas simples. Los personajes nos codeamos comiendo el menú. Hector Lavoe canta y ellas bailan. Chamanes domésticos mezclan salitre con San Pedro en el Temascal. Tecno ñaños de playa se miden en la lucha por la chucha.

Que un pueblo se paralice cada tarde para aplaudir la puesta de sol contagia alegría de vivir. Un paraíso que se desvaneció con el turismo masivo pero que vive en la memoria y el corazón. Gracias, MI GENTE.

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1 comentario en “Hector «La Voz» Lavoe”

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