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	<title>México archivos - Alvaro Urkiza</title>
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		<title>Bajo el Volcán, Malcom Lowry</title>
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		<pubDate>Wed, 05 Oct 2022 11:14:51 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Malcom Lowry siempre figurará bien alto en la lista de los escritores malditos. Por su agitada vida y su temprana muerte, pero sobre todo por su magistral novela Bajo el volcán (1947), una de las más geniales del SXX. El ex cónsul británico en México Geoffrey Firmin protagoniza</p>
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<h2 class="wp-block-heading">Una obra maestra</h2>



<p>Malcom Lowry siempre figurará bien alto en la lista de los escritores malditos. Por su agitada vida y su temprana muerte, pero sobre todo por su magistral novela <em>Bajo el volcán</em> (1947), una de las más geniales del SXX. El ex cónsul británico en México Geoffrey Firmin protagoniza un lúcido y conmovedor retrato de la condición humana, un perfecto ejemplo de la pulsión por la muerte, la autodestrucción y la negación a la vida. Este antihéroe alcoholizado y profundamente sensible flota entre la resignación y el pánico, entre la narcosis y el estupor, y nos arrastra con él hacía un desenlace trágico casi escrito por el propio destino.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><div class="cc-attribution-box-container"><img data-recalc-dims="1" fetchpriority="high" decoding="async" width="1000" height="667" src="https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2022/10/bajo-el-volcan-malcom-lowry.jpg?resize=1000%2C667&#038;ssl=1" alt="lowry-volcan" class="wp-image-13470" srcset="https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2022/10/bajo-el-volcan-malcom-lowry.jpg?w=1000&amp;ssl=1 1000w, https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2022/10/bajo-el-volcan-malcom-lowry.jpg?resize=300%2C200&amp;ssl=1 300w, https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2022/10/bajo-el-volcan-malcom-lowry.jpg?resize=768%2C512&amp;ssl=1 768w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /><div class="cc-attribution-box"> </div></div></figure>



<h2 class="wp-block-heading">El día de los muertos</h2>



<p>Estamos en Cuernavaca, una ciudad colonial mexicana a la perpetua sombra de los volcanes Popocatepetl y Ixtaccihuatlel. Es el día de los muertos, el dos de Noviembre de 1938; se acerca la violenta eclosión mundial del fascismo que culminará en la guerra civil española y después en la II guerra mundial. Envuelto en una atmósfera opresiva hecha de recuerdos, culpa y fantasmas y regada con abundante mezcal, el cónsul recibe la visita de su mujer y de su hermanastro. Durante las próximas 24 horas viviremos con ellos un intenso torbellino de sentimientos encontrados, de presagios, fatalidad y vida.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large"><div class="cc-attribution-box-container"><img data-recalc-dims="1" decoding="async" width="1024" height="576" src="https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2022/10/volcan-en-erupcion-1024x576.jpg?resize=1024%2C576&#038;ssl=1" alt="" class="wp-image-13473" srcset="https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2022/10/volcan-en-erupcion.jpg?resize=1024%2C576&amp;ssl=1 1024w, https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2022/10/volcan-en-erupcion.jpg?resize=300%2C169&amp;ssl=1 300w, https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2022/10/volcan-en-erupcion.jpg?resize=768%2C432&amp;ssl=1 768w, https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2022/10/volcan-en-erupcion.jpg?w=1200&amp;ssl=1 1200w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><div class="cc-attribution-box"> </div></div></figure>



<h2 class="wp-block-heading">Bajo el Volcán</h2>



<p>Publicada finalmente en 1947, Lowry trabajó en <em>Bajo el Volcán</em> al menos 10 años. Es una novela exigente para lectores exigentes: las líneas de tiempo mezcladas, la narración a la manera de Faulkner siguiendo diferentes voces y corrientes de pensamiento, la densidad de descripciones y reflexiones. Ejemplos del deleite que proporciona su lectura, pero también de los retos que plantea. El mismo Lowry consideraba recomendable leerla al menos dos veces para que, según sus propias palabras, «explotase en la cabeza»</p>



<p>Y <em>Bajo el Volcán</em> lo hace; perturba, desasosiega, sobrecoge. Nos extravía en un bosque de símbolos y alegorías extraordinarias que nos afecta, emociona o conmociona según desee el autor. Nos traslada a ese limbo entre el mundo real y lo mágico donde paulatinamente se instala el cónsul y del que regresaremos siendo otras personas.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><div class="cc-attribution-box-container"><img data-recalc-dims="1" decoding="async" width="900" height="500" src="https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2022/10/Malcolm-Lowry-urkiza-1.jpg?resize=900%2C500&#038;ssl=1" alt="Lowry-volcan-urkiza" class="wp-image-13467" srcset="https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2022/10/Malcolm-Lowry-urkiza-1.jpg?w=900&amp;ssl=1 900w, https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2022/10/Malcolm-Lowry-urkiza-1.jpg?resize=300%2C167&amp;ssl=1 300w, https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2022/10/Malcolm-Lowry-urkiza-1.jpg?resize=768%2C427&amp;ssl=1 768w" sizes="(max-width: 900px) 100vw, 900px" /><div class="cc-attribution-box"> </div></div></figure>



<p>Escrita como un genial puzle, <em>Bajo el Volcán</em> está tan cerca del Melville de <em>Moby Dick</em> o el Conrad de <em>El Corazón de las tinieblas</em> como de las espesas paginas de Joyce. Su carácter único y su calidad literaria producen cientos de lecturas e interpretaciones diferentes.</p>



<p>Se puede leer como una novela romántica, política, mística o filosófica. Trata de la condenación, el fascismo, el amor o la muerte. Es una tragedia y, por momentos, una comedia. Este genial libro se niega a aceptar etiquetas definitivas. Su lectura representa una experiencia en si misma que recomiendo vivamente. Si aún no lo has hecho, brinda con Geoffrey y Malcom Bajo el Volcán. ¡A vuestra salud!</p>



<p>Podéis leer gratis <em>Bajo el Volcán</em> en <a href="http://www.novelas.rodriguezalvarez.com/pdfs/Lowry,%20Malcolm%20''Under%20the%20volcano''-Xx-En-Sp.pdf">el PDF de este link</a> o comprar el libro <a href="https://www.casadellibro.com/libro-bajo-el-volcan/9788483100318/581427">en este enlace</a>.</p>
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		<title>Arizona &#8211; Ciudad Juárez</title>
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		<dc:creator><![CDATA[alvarourkiza]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 03 Jun 2011 14:38:25 +0000</pubDate>
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<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter"><a href="http://alvarourkiza.files.wordpress.com/2011/06/indias-de-camino.jpg"><div class="cc-attribution-box-container"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" width="360" height="288" src="http://alvarourkiza.files.wordpress.com/2011/06/indias-de-camino.jpg?resize=360%2C288" alt="" class="wp-image-1366" title="© Alvaro Urkiza" srcset="https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2011/06/indias-de-camino.jpg?w=360&amp;ssl=1 360w, https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2011/06/indias-de-camino.jpg?resize=300%2C240&amp;ssl=1 300w" sizes="(max-width: 360px) 100vw, 360px" /><div class="cc-attribution-box"> </div></div></a></figure></div>



<p class="has-drop-cap">El <em>sunset</em> enrojece las carrocerías de los autos en la Autopista 10 dirección Este cuando salgo de Los Ángeles. Al contrario que el sol, esta carretera nace en la orilla del Pacífico y termina al otro lado del país, en las costas atlánticas del estado de Florida. El cambio automático y una emoción de televidente pasmado me mantienen cómodo al volante, devorando sin esfuerzo cualquier detalle trivial. Soy consciente de la placa de matrícula de ese camión, escucho el <em>jingle</em> de la emisora de radio, miro aquellos rascacielos, una melancólica serie de hélices blancas y enormes. Faltan algo más de cuatrocientos kilómetros hasta Phoenix, en <a href="https://alvarourkiza.net/banda-tenaza-edward-abbey/">Arizona</a>. Llegaré allí esta noche, he llenado el depósito con expectativas de alto octanaje.</p>



<div>&nbsp;</div>



<div>&nbsp;</div>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter"><a href="http://alvarourkiza.files.wordpress.com/2011/06/jpg"><div class="cc-attribution-box-container"><img decoding="async" src="http://alvarourkiza.files.wordpress.com/2011/06/jpg" alt="" class="wp-image-3975" title="Dollar Empire, Alvaro Urkiza"/><div class="cc-attribution-box"> </div></div></a></figure></div>



<div></div>



<div>&nbsp;</div>



<div>México se siente próximo y diluye un tercio de la alquimia del desierto gringo en un amargo zumo de peyote. Se convierten en amables los acentos a medida que nos acercamos a la frontera. Pero la máquina tiene sed, mis piernas están agarrotadas y necesito comer algo. Además, quizás he olvidado que el camino más largo es el mejor, que entretenerse es ley, que demorar es imperativo. Un motel de neón, con ese estilo tan americano -el canon post nuclear- me lanza un guiño de bombillas rosas acodado a una gasolinera. Para mi sorpresa, la camarera sonríe cómplice de algo que no entiendo cuando devoro la hamburguesa con cola.</div>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter"><a href="http://alvarourkiza.files.wordpress.com/2011/06/ind.jpg"><div class="cc-attribution-box-container"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" width="360" height="288" src="http://alvarourkiza.files.wordpress.com/2011/06/ind.jpg?resize=360%2C288" alt="arizona-ciudad-juarez" class="wp-image-3976" title="Tarahumaras, Alvaro Urkiza"/><div class="cc-attribution-box"> </div></div></a></figure></div>



<div>&nbsp;</div>



<div>&nbsp;</div>



<div>Mientras reposto en la gasolinera una viejita se acerca, pequeña y vivaz.</div>



<div>-Señor, hay una familia ahí que tiene que llegar a Tucson, están sin dinero, llevan esperando al camión más de dos horas.</div>



<div>Respiro hondo observando los surcos de su cara. Yo quiero llegar a las playas escondidas, al mal abrigo de oleajes y corrientes, de fondos coralinos y hermandades de la costa. Un parpadeo de quillas desde el asiento trasero, un segundo de duda. ¿Por qué me lo pide a mí en un parking lleno de otros vehículos, por qué me habla en castellano presuponiendo que lo entiendo, y por encima de todo, quienes son ellos para interrumpirme?</div>



<div>
<p>-Están allí – la abuela señala un grupo en la salida de la <em>highway</em>.</p>
<div>El hombre es delgado y pequeño, con bigote. La mujer es madre de ojos bajos y determinación primordial. Dos hijos pequeños, anónimos, a los que ya he visto en tantas postales de la UNICEF que apenas con una ojeada olvido al instante. Tardamos más de 100 kilómetros en dirigirnos la palabra. Llevan varias cajas de cartón atadas con cuerdas y bolsas de plástico anudadas. Contradiciendo mis predicciones no huelen mal, los niños no lloran ni vomitan, la mujer permanece callada.</div>
<div>&nbsp;</div>
<div>&nbsp;</div>
<figure><a href="http://alvarourkiza.files.wordpress.com/2011/06/hombres.jpg"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter wp-image-1492" title=" © Alvaro Urkiza" src="http://alvarourkiza.files.wordpress.com/2011/06/hombres.jpg?resize=501%2C401" alt="" width="501" height="401" srcset="https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2011/06/hombres.jpg?w=360&amp;ssl=1 360w, https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2011/06/hombres.jpg?resize=300%2C240&amp;ssl=1 300w" sizes="(max-width: 501px) 100vw, 501px" /></a></figure><div></div>
<div>&nbsp;</div>
<div>&nbsp;</div>
<div>-Así que van a Tucson, ¿verdad? &#8211; les pregunto, no sé bien porqué.</div>
<div>-Sí, señor, a Tucson.</div>
<div>-¿Les gusta allá? ¿Esta bien Tucson?</div>
<div>-Oh sí señor, muy bien, es linda la ciudad, muy limpia.</div>
<div>Nuestras miradas se encuentran por el espejo retrovisor. El rostro indígena sonríe suave y continúa.</div>
<div>-Y usted, ¿va hasta México, a las playas?</div>
<div>Con una mano sorprendentemente delicada señala las tablas de surf que ofendidas se aprietan en el espacio de más atrás.</div>
<div>-Pues sí señor, voy al sur si Dios quiere, entraré por Ciudad Juárez.</div>
<div>-¿Por el Paso?, está bueno allí, es tranquila la frontera. ¿Ya conoce la historia de las mil mujeres?</div>
<div>Digo que no con la cabeza y apago la radio, esperándola. El mira a su esposa que asiente y comienza a hablar casi recitando.</div>
<div>&nbsp;</div>
<div>-El mismo sol que está ahí ahora, señor, el mismo que cada día levanta por allá y se acuesta rojo y pesado por aquel otro lado, es el que alumbraba esa tarde a Barbarita cuando recién parqueó su bus en el Paso. Llevaba toda la tarde sujetando fuerte la maleta con los ahorros y las fotos de la familia, mirando por la ventana tanta tierra tarahumara, tanta raíz. Porque sabe usted, señor, estas tierras toditas eran de los abuelos de Barbarita y también de los míos y de los de mi mujer, claro. Y mire lo que les quedó a mis hijos no más después de un mero asalto; yo no sé qué fue lo que pasó antiguamente, señor, pero en Creel, allá en la Barranca del Cobre, están mis padres y los suyos y ellos aún pueden contar, así que váyase por allá si quiere ver cómo es detrás de lo moderno que chilla tanto.</div>
<div>&nbsp;</div>
<figure><a href="http://alvarourkiza.files.wordpress.com/2011/06/faxada1.jpg"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter wp-image-1494" title=" © Alvaro Urkiza" src="http://alvarourkiza.files.wordpress.com/2011/06/faxada1.jpg?resize=461%2C369" alt="" width="461" height="369" srcset="https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2011/06/faxada1.jpg?w=360&amp;ssl=1 360w, https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2011/06/faxada1.jpg?resize=300%2C240&amp;ssl=1 300w" sizes="(max-width: 461px) 100vw, 461px" /></a></figure><div></div>
<div>&nbsp;</div>
<div>Pero de Barbarita y las 1.000 mujeres de Ciudad Juárez le contaba yo ahora, señor. Perdone que me alejé de la pobrecita, que ya camina por el puente para pasar a México y como es Navidad pues el tráfico está virado: hay mucha gente para entrar al país de Villa y de Zapata, más que para salir, cosa rara, diga señor. Pero ahí que pasa tranquila esta chavita al otro lado y hasta siente un poco de emoción por dentro. ¡Los Estamos Jodidos Mexicanos! Y disculpe la broma, señor, pero es que recién la niña entró al callejeo de Juárez sujetando la maleta, ya son veinte que se le acercan: que si dólares, que si cambio, que si transporte, que si mamasita que se le ofrece.</div>
</div>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter"><a href="http://alvarourkiza.files.wordpress.com/2011/06/estadotrans022.jpg"><div class="cc-attribution-box-container"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" width="567" height="454" src="http://alvarourkiza.files.wordpress.com/2011/06/estadotrans022.jpg?resize=567%2C454" alt="arizona-ciudad-juarez" class="wp-image-1365" title="© Alvaro Urkiza" srcset="https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2011/06/estadotrans022.jpg?w=567&amp;ssl=1 567w, https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2011/06/estadotrans022.jpg?resize=300%2C240&amp;ssl=1 300w" sizes="(max-width: 567px) 100vw, 567px" /><div class="cc-attribution-box"> </div></div></a></figure></div>



<p>Veintiún años tenía Barbarita cumplidos hace dos meses el día que llegó a Juárez y ya sabía que allá a las gueritas como ella, bien formadas y de cara linda, algo les pasaba entre tanto coche destripado y tanta chatarra sucia porque nunca más se tenía noticia. Ni los pinches buitres volando señalaban las mil tumbas desaparecidas, huérfanas de flores y de visitas.</p>



<p>Así que rapidito y mirando fijo iba entre los lobos, sujetando contra el pecho la maletita, aver de protegerse entrambas las dos, sabe usted. Y mientras, este sol que se cansa y como todos los días deja el lugar a la doña, a su consentida, la que la pasa bailando desnuda y fría hasta el amanecer, esa engreída. La noche es envidiosa de bellezas como la de Barbarita, ya se sabe, y más en las fronteras, que va pintada de aullidos y con los pelos de loca entre las niñas que van de paso y viajan solas.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter"><a href="http://alvarourkiza.files.wordpress.com/2011/06/lucha-mexicana-el-temible-blue-demonenero-2005.jpg"><div class="cc-attribution-box-container"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" width="600" height="422" src="http://alvarourkiza.files.wordpress.com/2011/06/lucha-mexicana-el-temible-blue-demonenero-2005.jpg?resize=600%2C422" alt="arizona-ciudad-juarez © Alvaro Urkiza" class="wp-image-1363" title="© Alvaro Urkiza" srcset="https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2011/06/lucha-mexicana-el-temible-blue-demonenero-2005.jpg?w=600&amp;ssl=1 600w, https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2011/06/lucha-mexicana-el-temible-blue-demonenero-2005.jpg?resize=300%2C211&amp;ssl=1 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /><div class="cc-attribution-box"> </div></div></a></figure></div>



<p>Barbarita es joven pero experta de la vida y casi ni le sonríe al tremendo vaquerazo que le abre la puerta del motelito, todo manos y anillos y dientes dorados, todo máscara. Cuenta lo justo y no da detalles. Si, está recién llegando de San Antonio en el camión. No, no va a pasar más que una noche, porque le esperan en Saltillo su hermana y sus padres, que ya son tres eternidades que no se ven, ¡ay Diosito lindo!</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter"><a href="http://alvarourkiza.files.wordpress.com/2011/06/panxitodetalle.jpg"><div class="cc-attribution-box-container"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" width="202" height="290" src="http://alvarourkiza.files.wordpress.com/2011/06/panxitodetalle.jpg?resize=202%2C290" alt="arizona-ciudad-juarez" class="wp-image-1367" title="© Alvaro Urkiza"/><div class="cc-attribution-box"> </div></div></a></figure></div>



<p>Y esperando&nbsp;nos quedamos&nbsp;allá en Saltillo, señor. Para que le voy a mentir si le digo que lo único que encontraron de ella fue la maletita abierta, tirada en los chaparrales, mero desgarro de harapos nuevos y fotos al viento. ¿No es así, Alejandra? Así fue, mismo como lo cuentas, Antonio, esperando&nbsp;quedamos en la casa, encendiendo velas a Nuestra Señora y a San Judas, mirando el teléfono. Hasta que fuiste a buscarla tú a Ciudad Juárez, ese día triste.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter"><a href="http://alvarourkiza.files.wordpress.com/2011/06/imagen-635.jpg"><div class="cc-attribution-box-container"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" width="1300" height="1733" src="http://alvarourkiza.files.wordpress.com/2011/06/imagen-635.jpg?resize=1300%2C1733" alt="arizona-ciudad-juarez" class="wp-image-1369" title="© Alvaro Urkiza" srcset="https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2011/06/imagen-635.jpg?w=1536&amp;ssl=1 1536w, https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2011/06/imagen-635.jpg?resize=225%2C300&amp;ssl=1 225w, https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2011/06/imagen-635.jpg?resize=768%2C1024&amp;ssl=1 768w, https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2011/06/imagen-635.jpg?resize=1152%2C1536&amp;ssl=1 1152w" sizes="(max-width: 1300px) 100vw, 1300px" /><div class="cc-attribution-box"> </div></div></a></figure></div>



<p>Todas las fotos @alvarourkiza</p>
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		<title>Menonitas y Tarahumaras : Duelo en la Sierra Madre</title>
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		<pubDate>Mon, 28 Mar 2011 22:43:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[América]]></category>
		<category><![CDATA[Viajes]]></category>
		<category><![CDATA[México]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En el norte mexicano nuestra señora de Guadalupe es Madre Milagrera de azotea, de arroyo callejero, de cableado eléctrico; consentidora de las perdidas y de los fracasados. Frente a su belleza se llora hasta la última gota de las desgracias. Nos regalaron una estampita con su imagen envuelta en llamas tras repostar en la última gasolinera. Bajo su amparo manejo el volante en dirección a Chihuahua, tierra de Tarahumaras y Menonitas. En el cassette del auto Los Tigres del Norte cantan y Tonantzin [&#8230;]</p>
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<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter is-resized"><a href="http://alvarourkiza.files.wordpress.com/2011/03/manuel.jpg"><div class="cc-attribution-box-container"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" src="http://alvarourkiza.files.wordpress.com/2011/03/manuel.jpg?resize=414%2C330" alt="menonitas-tarahumaras" class="wp-image-821" width="414" height="330" title="© Alvaro Urkiza" srcset="https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2011/03/manuel.jpg?w=360&amp;ssl=1 360w, https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2011/03/manuel.jpg?resize=300%2C240&amp;ssl=1 300w" sizes="(max-width: 414px) 100vw, 414px" /><div class="cc-attribution-box"> </div></div></a></figure></div>



<p class="has-drop-cap">En el norte mexicano nuestra señora de Guadalupe es Madre Milagrera de azotea, de arroyo callejero, de cableado eléctrico; consentidora de las perdidas y de los fracasados. Frente a su belleza se llora hasta la última gota de las desgracias. Nos regalaron una estampita con su imagen envuelta en llamas tras repostar en la última gasolinera.</p>



<p>Bajo su amparo manejo el volante en dirección a Chihuahua, tierra de Tarahumaras y Menonitas. En el cassette del auto <em>Los Tigres del Norte</em> cantan y Tonantzin ríe ardiendo en el salpicadero, siempre contenta, emperatriz de América.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter is-resized"><a href="http://alvarourkiza.files.wordpress.com/2011/03/hombres.jpg"><div class="cc-attribution-box-container"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" src="http://alvarourkiza.files.wordpress.com/2011/03/hombres.jpg?resize=462%2C369" alt="menonitas-tarahumaras" class="wp-image-816" width="462" height="369" title="© Alvaro Urkiza" srcset="https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2011/03/hombres.jpg?w=360&amp;ssl=1 360w, https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2011/03/hombres.jpg?resize=300%2C240&amp;ssl=1 300w" sizes="(max-width: 462px) 100vw, 462px" /><div class="cc-attribution-box"> </div></div></a></figure></div>



<p>Viajar hacia el sur me&nbsp;parece el sentido más lógico, el de menor resistencia a los ritmos naturales y a&nbsp;las leyes físicas. Dejo atrás a&nbsp;los gringos de L.A. y arrastrado por la gravedad&nbsp;busco&nbsp;a&nbsp;los Tarahumaras&nbsp;en la Barranca del Cobre. La sombra del Chevy se adapta a las piedras de la cuneta a 70 millas por hora. Siluetea el V8 por el altiplano.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter is-resized"><a href="https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2013/06/chevy.jpg?ssl=1"><div class="cc-attribution-box-container"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" src="https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2013/06/chevy.jpg?resize=548%2C364&#038;ssl=1" alt="Chevy, LA, Alvaro Urkiza" class="wp-image-6839" width="548" height="364" srcset="https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2013/06/chevy.jpg?w=600&amp;ssl=1 600w, https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2013/06/chevy.jpg?resize=300%2C200&amp;ssl=1 300w" sizes="(max-width: 548px) 100vw, 548px" /><div class="cc-attribution-box"> </div></div></a></figure></div>



<p>El páramo espinoso alcanza aquí un clímax, es orgasmo plácido, de buena mañana, casi en sueños. Todo lo que existe agrede, se proyecta hacia afuera en un estallido de púas detenido en el aire seco y claro del desierto. De viejo, el nuevo páramo se complace en gastarme espejismos de colegial. Ella reiría a mi lado, medio consternada por aquel chistecillo: el que esté libre de culpa que aspire la primera línea.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter is-resized"><a href="http://alvarourkiza.files.wordpress.com/2011/03/escribiendo-en-la-sierra-madre.jpg"><div class="cc-attribution-box-container"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" src="http://alvarourkiza.files.wordpress.com/2011/03/escribiendo-en-la-sierra-madre.jpg?resize=514%2C385" alt="Alvaro Urkiza escribiendo en el norte mexicano" class="wp-image-820" width="514" height="385" title="© Alvaro Urkiza" srcset="https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2011/03/escribiendo-en-la-sierra-madre.jpg?w=600&amp;ssl=1 600w, https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2011/03/escribiendo-en-la-sierra-madre.jpg?resize=300%2C225&amp;ssl=1 300w" sizes="(max-width: 514px) 100vw, 514px" /><div class="cc-attribution-box"> </div></div></a></figure></div>



<h2 class="wp-block-heading">Los Menonitas</h2>



<p>Antes que yo, un grupo de peregrinos desterrados vivieron estas millas de polvo y cactus mirando fijamente el perfil de la Sierra Madre. Los Menonitas fueron expulsados sucesivamente de Holanda, Alemania, Rusia o Canadá desde el siglo XVI. Pacíficos y apegados a sus tradiciones, contrarios a la educación oficial, al servicio militar o al sistema económico capitalista, su sino trashumante les trajo hasta aquí. Aquí, a la tierra Tarahumara, donde encontraron su nueva Jerusalén y pasaron a la historia como los queseros divinos de la secta Amish, en la película<em> Único testigo </em>de Harrison Ford.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter is-resized"><div class="cc-attribution-box-container"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" src="https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2021/01/mapa-cowboys-menonitas-tarahumaras-alvaro-urkiza.jpg?resize=594%2C286&#038;ssl=1" alt="menonitas-tarahumaras" class="wp-image-8928" width="594" height="286" srcset="https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2021/01/mapa-cowboys-menonitas-tarahumaras-alvaro-urkiza.jpg?w=1200&amp;ssl=1 1200w, https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2021/01/mapa-cowboys-menonitas-tarahumaras-alvaro-urkiza.jpg?resize=300%2C145&amp;ssl=1 300w, https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2021/01/mapa-cowboys-menonitas-tarahumaras-alvaro-urkiza.jpg?resize=1024%2C494&amp;ssl=1 1024w, https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2021/01/mapa-cowboys-menonitas-tarahumaras-alvaro-urkiza.jpg?resize=768%2C371&amp;ssl=1 768w" sizes="(max-width: 594px) 100vw, 594px" /><div class="cc-attribution-box"> </div></div></figure></div>



<p>Continúo en tránsito hacia las cimas de la sierra, a través de ciudades espejo y plástico&nbsp;o favelarios de culto Guadalupano, disfrutando de calores espesos&nbsp;y de fríos cortantes y secos.&nbsp;En&nbsp;Chihuahua, mariachis mercenarios escoltan las esquinas del barrio rojo esperando un golpe de suerte, que a golpes viene también esa pendeja.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter is-resized"><a href="https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2015/10/menonita2_copia.jpg?ssl=1"><div class="cc-attribution-box-container"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" src="https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2015/10/menonita2_copia.jpg?resize=593%2C309&#038;ssl=1" alt="menonita" class="wp-image-7058" width="593" height="309" srcset="https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2015/10/menonita2_copia.jpg?w=448&amp;ssl=1 448w, https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2015/10/menonita2_copia.jpg?resize=300%2C157&amp;ssl=1 300w" sizes="(max-width: 593px) 100vw, 593px" /><div class="cc-attribution-box"> </div></div></a></figure></div>



<p>Los indios de la ciudad abrazan a sus fantasmas en el suelo, venden y circulan en un universo paralelo. Sus miradas excéntricas; sus pieles oscuras como gruesas corazas avaras de gestos. En la catedral, donde reposa <strong>Pancho Villa</strong>, tocan el acordeón sin mirar a las teclas con el cuello quebrado en un ángulo extraño. A su lado la bolsa de plástico y el bote de cola. La Adelita llora en sus brazos. Nunca sonó así de tóxica y polvorienta la cantinela.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter is-resized"><a href="http://alvarourkiza.files.wordpress.com/2011/03/acordeon1.jpg"><div class="cc-attribution-box-container"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" src="http://alvarourkiza.files.wordpress.com/2011/03/acordeon1.jpg?w=300&#038;resize=427%2C342" alt="chihuahua" class="wp-image-817" width="427" height="342" title="© Alvaro Urkiza" srcset="https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2011/03/acordeon1.jpg?w=360&amp;ssl=1 360w, https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2011/03/acordeon1.jpg?resize=300%2C240&amp;ssl=1 300w" sizes="(max-width: 427px) 100vw, 427px" /><div class="cc-attribution-box"> </div></div></a></figure></div>



<p>La barranca del Cobre se define como&nbsp;un relámpago tectónico&nbsp;de 60.000 Km cuadrados. En la gasolinera de Creel mi troca es&nbsp;la Chevrolet mas adulada, pero no vendo; ella me lleva en paralelo al ferrocarril del Chepe hasta la reserva jesuita de Cusararé.&nbsp; Allí,&nbsp;a dos mil quinientos metros de altura,&nbsp;encuentro a la nación&nbsp;Tarahumara.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Los Tarahumaras</h2>



<p>Etnia valiente, salvajes corredores de taparrabos blancos, bebedores del sagrado tesguino de maíz, marginados del México moderno, alcoholizados sin censar, carne de analfabetismo, de mendicidad y cárcel. Después de dos mil años de relación equilibrada con su entorno, llegaron los barbudos, la explotación de la plata, las fronteras, la escuela, los impuestos y el ejército de los blancos.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter is-resized"><a href="http://alvarourkiza.files.wordpress.com/2011/03/colonia-jesuitareserva-tarahumara-de-cusararesierra-madre-mexico.jpg"><div class="cc-attribution-box-container"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" src="http://alvarourkiza.files.wordpress.com/2011/03/colonia-jesuitareserva-tarahumara-de-cusararesierra-madre-mexico.jpg?w=300&#038;resize=460%2C317" alt="tarahumaras-menonitas" class="wp-image-819" width="460" height="317" title="© Alvaro Urkiza" srcset="https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2011/03/colonia-jesuitareserva-tarahumara-de-cusararesierra-madre-mexico.jpg?w=594&amp;ssl=1 594w, https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2011/03/colonia-jesuitareserva-tarahumara-de-cusararesierra-madre-mexico.jpg?resize=300%2C207&amp;ssl=1 300w" sizes="(max-width: 460px) 100vw, 460px" /><div class="cc-attribution-box"> </div></div></a></figure></div>



<p>Sigo bajando hacia el&nbsp;Sur, caigo&nbsp;hasta que el mar me sujete. El volcán del nevado destaca sobre el perfil de Colima, una ciudad de vocación sísmica cortejada por lavas desleales. La proximidad del océano no borra de mi cabeza&nbsp;las casualidades. Sesenta mil, como los kilómetros de la Barranca del Cobre, es la cantidad de Tarahumaras que aún sobreviven, la misma que de Menonitas. Amanece al fin y la lluvia sucia lo toca todo. No importa. Al mal tiempo, boina cara. O&nbsp;mejor, sombrero norteño, canalla y contrabandista.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter is-resized"><a href="https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2015/10/sierra-madre1.jpg?ssl=1"><div class="cc-attribution-box-container"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" src="https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2015/10/sierra-madre1.jpg?resize=478%2C351&#038;ssl=1" alt="menonitas-tarahumaras" class="wp-image-7057" width="478" height="351" srcset="https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2015/10/sierra-madre1.jpg?w=600&amp;ssl=1 600w, https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2015/10/sierra-madre1.jpg?resize=300%2C221&amp;ssl=1 300w" sizes="(max-width: 478px) 100vw, 478px" /><div class="cc-attribution-box"> </div></div></a></figure></div>
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