
El viaje
Llegar a la selva de Borneo desde Europa no resulta fácil ni cómodo. La aventura en busca de los orangutanes comienza con un largo viaje. Vuelo tras vuelo, aeropuerto tras aeropuerto, cruzas zonas horarias de medio planeta y se confunde tu percepción del tiempo. Desorientados y exhaustos tras cuatro aviones y más de treinta horas de viaje, a mi compañera y a mi nos sostiene la ilusión de hacer realidad un sueño. Queremos conocer en su hábitat a los sabios rojos del bosque, a los míticos orangutanes. Queremos mirar a los ojos a esas lejanas sombras de lo que fuimos, conciencia viva de nuestra propia especie y de su enloquecido futuro.

Pangkalan Bun es un asentamiento humano al sur de la enorme isla de Borneo, la tercera más grande del planeta. Esta ciudad de Indonesia carece de interés para el viajero más allá de su cercanía con el Parque Nacional Tanjung Puting, hogar de los orangutanes. También es útil su pequeño aeropuerto militar donde aterrizamos, sudorosos y agotados, en un avión de hélices. En Pangkalan Bun hay varios hoteles acostumbrados a recibir bules, extranjeros occidentales, que pasan una noche de tránsito para visitar el parque. La población local vive de espaldas a estos bules con los que apenas tiene contacto. La cerveza está prohibida y has de acudir al mercado negro donde discretamente consiguen, a precio de oro, las primeras Bintangs frías de este viaje. Saben a clandestinidad y a gloria.

En el río
La ciudad está a pocos kilómetros del puerto de Kumai, en las orillas del gran río Sekonyer, desde donde saldrá el klotok. Es el barco de madera que nos llevará navegando cauce arriba a través del parque Nacional Tanjung Puting durante 4 días. Tras haber dormido más de 10 horas seguidas y ya recuperados del viaje y de las cervezas clandestinas gracias a un copioso desayuno, encontramos en el embarcadero al equipo de Orangutan Applause, la pequeña compañía local que organiza nuestro tour.

Arif, un indonesio fuerte y sonriente que se ocupa de la logística del viaje, y su mujer Dessy, experta en lo referente a la burocracia alrededor de la expedición, dirigen Orangutan applause desde hace pocos años. Una docena de guías, capitanes de barco y cocineras componen su entusiasta y profesional equipo. Con seis barcos en su haber, tienen merecida fama de respetar cuidadosamente el entorno natural que aman, promocionar el turismo sostenible y cuidar con atención y simpatía a sus huéspedes.

Nuestro barco
Pronto descubrimos que todo corresponde e incluso supera esa reputación. Arif nos enseña el barco que será nuestra casa durante el viaje, y a la tripulación que nos acompañará en esta aventura. Oni, una amable y excelente cocinera, Deder, un capitán con el aspecto de benévola autoridad que se espera de su puesto, su eficiente segundo Jefer y nuestro simpático guía, Jordan. Jordan destaca la abundancia de turistas españoles e incluso se atreve a hablar unas palabras en castellano.

El barco es una romántica cabaña de madera de dos alturas que desliza su casco plano sobre el río buscando la entrada al afluente que lleva al parque, el Sungai Sekonyer. La amplia cubierta superior es nuestro territorio, techada y abierta en su totalidad, aunque con toldos que se despliegan por la noche o en caso de lluvia. Tenemos un cómodo colchón de matrimonio con mosquitera en la popa, una mesa para comer y escribir en el centro, y toda la proa despejada excepto dos enormes puffs y un par de tumbonas. ¡Estrictamente maravilloso!

Bajando unas escaleras encontramos un baño completo, y las cocinas y dependencias de la tripulación, un reino discreto y misterioso al que no osamos entrar. Mucho más que un simple medio de transporte, navegar en el Klotok es una experiencia única e inmersiva que conecta profundamente con la naturaleza. La sensación de paz es total, y el estar rodeados por la jungla, abalconados a su actividad, sonidos y presencia, te lleva a un estado de «serena euforia».

El reino de los orangutanes
El Parque Nacional Tanjung Puting ocupa alrededor de 400.000 hectáreas de selva que protege de la deforestación para la agricultura de palma. La existencia de esta reserva que mantiene el hábitat de los orangutanes y miles de otras especies se debe principalmente a una mujer, la primatóloga Biruté Galdikas. Pionera, ella investigó los orangutanes desde los años 70 y dio visibilidad a esa especie única con la que compartimos el 97% del ADN, salvándola de la extinción.

Pronto Jordan nos señala la espesura y el barco se detiene: en las ramas de los árboles hay dos enormes orangutanes salvajes balanceándose. El shock y la maravilla son instantáneos. No tardaremos mucho en divisar también monos narigudos y vistosos martines pescadores, macacos y enormes mariposas por doquier. La frondosa selva de Borneo está llena de vida y según nos internamos el río se estrecha y se reduce a un hilo de agua que apenas deja pasar nuestro barco. Imposible no recordar Apocalipse now, La reina de África con Hepburn y Bogart o a Conrad y su Corazón de las tinieblas. Pero la realidad se impone con toda su fuerza y belleza y nos dejamos llevar, fascinados por el momento presente.

En la reserva
En la reserva hay tres paradas obligatorias , los tres parques de recuperación y cuidado de los orangutanes. Son el Tanjung Harapan, el Pondok Tangui, y por último el más alejado y famoso, el Camp Leakey. Camp Leakey, fundado en 1971 por la Dra. Biruté Galdikas, recibió su nombre en honor al paleoantropólogo Louis Leakey. Estos parques alimentan cada día a grupos de orangutanes que viven en libertad pero que fueron rescatados, huérfanos o heridos, en la selva. Con el tiempo se han acostumbrado a incluir en su dieta la fruta que los rangers les dan cada dia. El espectáculo de la llegada de los orangutanes a recibir esa comida es el imán que atrae a los turistas. Y el motor económico que sostiene la existencia del Parque y que protege a esta selva de la deforestación y la muerte.

A tan solo diez metros de la plataforma donde se dejan plátanos y leche, vemos como el macho alfa, los orangutanes más jóvenes y las hembras con sus bebés llegan desde la espesura. Se acercan sin miedo a comer, obviando a los turistas que, maravillados, les fotografían y graban. A esa distancia admiramos de cerca sus gestos, sus emociones y comportamiento. Tan cercano al nuestro y a la vez, tan diferente. Los orangutanes de Borneo, sin más predador que el hombre, transmiten una enorme sensación de placidez y satisfacción. De calma. Hacen pensar en nuestra propia especie y su acelerado modo de vivir. Impresionan no sólo por su belleza sino también por su actitud y presencia. Observarlos en su hábitat es una experiencia única e inolvidable.

La selva madre
Navegamos en una pequeña canoa por brazos del río estrechos donde la selva literalmente te engulle con su presencia masiva. Sientes tu pequeñez en este inmenso pero frágil ecosistema verde donde no llega ningun wifi. Paseamos por el bosque primigenio sorteando árboles centenarios, bajo los orangutanes que nos observan desde sus ramas. Es un entorno intacto, lleno de fuerza esencial y que transmite una energía poderosa e inexplicable. Por la noche pasearemos linterna en mano ese bosque buscando su vida escondida. Guiados por un ranger, descubriremos todo tipo de especies, desde tarántulas o serpientes a gatos salvajes.

Tras una deliciosa cena y una cerveza fría (que tuvimos la precaución de encargar antes de salir) bajo la luna llena, nos acostamos en cubierta y descansamos plácidamente. Protegidos por la mosquitera y rodeados por los mil sonidos de la jungla, sentimos el cálido abrazo de la madre naturaleza. Día tras día vamos conociendo los tres parques, y en el Campo Leakey plantamos dos retoños de árbol para repoblar una zona que fue antes una plantación de palma. Una actividad más que hace que el ecoturismo sostenible repercuta positivamente en esta zona. Tanto en la protección de la naturaleza como en la economía local.

Experiencia con los orangutanes de Borneo
Un macaco aventurero intenta subir al barco por la amarra que nos sujeta a la vegetación de la orilla. Mil ojos nos observan desde la espesura, mil sonidos y ecos de la selva charlatana. Aullidos, graznidos y croares que cantan al agua oscura que no cesa de discurrir río abajo. Contemplamos el cielo entre los árboles tumbados sobre cubierta. La luna llena brilla y parece que todo, en este momento, tiene sentido. ¡Gracias Borneo, gracias naturaleza!

