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	<title>Mis Libros, una ventana abierta a mi obra, una invitación al tránsito</title>
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		<title>Rompehielos Fernández</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Apr 2021 12:47:06 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Rompehielos Fernández tiene nombre de boxeador antiguo saltando a la comba, de campeón retirado, de noqueado entrañable que perdió el combate del siglo y ahora bebe demasiado. Tiene también Rompehielos nombre de explorador antártico, de indómito salvaje que devora a los perros del trineo para no retroceder, de señor que posa en la foto en blanco y negro en una latitud y longitud bestiales. Rompehielos Fernández suena a pasión y crimen, a confesiones en comisaría, [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;">Rompehielos Fernández tiene nombre de boxeador antiguo saltando a la comba, de campeón retirado, de noqueado entrañable que perdió el combate del siglo y ahora bebe demasiado.</p>
<p>Tiene también Rompehielos nombre de explorador antártico, de indómito salvaje que devora a los perros del trineo para no retroceder, de señor que posa en la foto en blanco y negro en una latitud y longitud bestiales.</p>
<p>Rompehielos Fernández suena a pasión y crimen, a confesiones en comisaría, a lágrimas y titulares escabrosos, a horror legendario, a versión cinematográfica para adultos.</p>
<p>Recuerda este Fernández a un cantante mexicano, mariachi norteño y canalla, mercenario de esquinas rojas y cantina oscura, cancionero fronterizo que aún se vende en gasolineras de Chihuahua.</p>
<p>Es nombre de actor porno latino sin trabajo, deformado por el bisturí barato, tumbado en la piscina del motel en LA, casi dormido, esperando una llamada que nunca llega.</p>
<p>Podría llamarse así un exfuncionario de la brigada secreta, un miembro del servicio de información, un torturador del régimen, un monstruo que ahora pasea a sus nietos.</p>
<p>Quizá Rompehielos es un apodo artístico, el del forzudo del circo, el contorsionista o el lanzacuchillos. La estrella en el cartelón que anuncia a los cómicos en la plaza del pueblo.</p>
<p>Rompehielos Fernández vive en mi barrio y al cruzarnos cada día saluda y sonríe. Hace años que le conozco, pero prefiero no preguntar y seguir imaginando.</p>
<p><a href="http://alvarourkiza.files.wordpress.com/2012/05/ftp0039_enlarge.jpg"><img data-recalc-dims="1" fetchpriority="high" decoding="async" class="aligncenter wp-image-5120" title="Rompehielos-Fernandez-alvaro-urkiza" src="http://alvarourkiza.files.wordpress.com/2012/05/ftp0039_enlarge.jpg?resize=306%2C478" alt="Rompehielos-Fernandez " width="306" height="478" srcset="https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2012/05/ftp0039_enlarge.jpg?w=725&amp;ssl=1 725w, https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2012/05/ftp0039_enlarge.jpg?resize=192%2C300&amp;ssl=1 192w, https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2012/05/ftp0039_enlarge.jpg?resize=657%2C1024&amp;ssl=1 657w" sizes="(max-width: 306px) 100vw, 306px" /></a></p>
<p style="text-align: center;">
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		<title>Un Pueblo Perfecto</title>
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		<dc:creator><![CDATA[alvarourkiza]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 25 Feb 2020 21:03:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Mis Libros]]></category>
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		<category><![CDATA[Narrativa]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Vivo en un pueblo del Levante español a orillas del mar Mediterráneo. Mi mujer, mis dos hijas y yo somos parte de los casi 30.000 habitantes que disfrutan su clima benigno, la deliciosa gastronomía y una ubicación privilegiada a medio camino entre dos grandes ciudades. Un pueblo perfecto. A nivel monumental destaca la gran plaza de toros, la más cercana a la costa del mundo, según dicen, y la Iglesia Mayor, de estilo Barroco tardío y [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p style="font-size:18px">Vivo en un pueblo del Levante español a orillas del mar Mediterráneo. Mi mujer, mis dos hijas y yo somos parte de los casi 30.000 habitantes que disfrutan su clima benigno, la deliciosa gastronomía y una ubicación privilegiada a medio camino entre dos grandes ciudades. Un pueblo perfecto. A nivel monumental destaca la gran plaza de toros, la más cercana a la costa del mundo, según dicen, y la Iglesia Mayor, de estilo Barroco tardío y con un retablo de cierto valor artístico. Todos los días, en la carretera que atraviesa el pueblo, se sientan en desvencijadas hamacas de playa mujeres de origen rumano o búlgaro que venden sexo a los automovilistas.</p>



<p style="font-size:18px">Además de celebrar festejos taurinos, la plaza de toros es anfiteatro de conciertos, espectáculos y actividades culturales. En nuestras calles se celebra también una semana de colorido Carnaval con décadas de tradición que atrae a muchos turistas por su animación y algarabía popular. Las chicas de la carretera madrugan mucho, las veo temprano cuando paso camino del trabajo. Su jornada es más larga que la mía; en verano se broncean y en invierno se abrigan como esquiadoras pobres.</p>



<p style="font-size:18px">En Semana Santa las procesiones, llenas de devoción, velones de cera y pasos religiosos, toman las calles y muestran el amor con que las tradiciones seculares se mantienen vivas en el pueblo. Tanto el Carnaval como la piadosa Semana Santa han sido declaradas fiestas de interés turístico cultural a nivel nacional. Las chicas clavan sombrillas rotas a la vera de sus sillitas y pasan las horas en el arcén de una en una o en parejas, mirando el teléfono con aspecto de aburrimiento o sonriendo a los conductores esperando que se detengan y compren.</p>



<p style="font-size:18px">Nuestra humilde pero bien llevada biblioteca municipal organiza, además de charlas y presentaciones de libros, un ciclo de conciertos de música clásica, cuartetos y solistas, que son el deleite de muchos aficionados y una iniciación perfecta para los más jóvenes. Men sana in corpore sano. El equipo juvenil de fútbol lleva mas de tres temporadas como líder comarcal para alegría y orgullo de todos los habitantes, y la marcha senderista anual congrega a cientos de amantes del atletismo y la naturaleza en una animada fiesta lúdico deportiva. Cuando paso a su lado veo a las chicas acodadas a la ventanilla de algún automóvil parado en los caminos de tierra que salen de la carretera. Visten provocativas pero su aspecto es cuando menos triste; ropa vieja, cuerpos obesos o demacrados. A veces imagino sus voces, las conversaciones que tendrán con los clientes. Lo imagino todo.</p>



<p style="font-size:18px">En el aspecto <a href="https://alvarourkiza.net/madre-basuraleza/">medioambiental</a>, el ayuntamiento promueve desde hace dos años jornadas de limpieza del bello litoral local en las que colaboran colegios y entidades deportivas. Tenemos que cuidar el entorno privilegiado que nos rodea y que atrae a tantos turistas de todo el mundo. Una de las chicas, una rubia delgada y pálida con los labios demasiado pintados, bebe agua de un botellín y fuma, sonríe a mi paso, creo que ya reconoce mi coche. Hoy le he devuelto la sonrisa y hasta le he saludado levemente con los dedos.</p>



<p style="font-size:18px">La agricultura, sobre todo cítricos, además de la pesca y el turismo, es la principal fuente de ingresos del pueblo. Tres centros comerciales y los modernos multicines  son muestras del dinamismo económico de nuestra pequeña capital de comarca. Ayer pasé dos veces delante de las chicas por la mañana, y después volví a pasar, aunque realmente no tenía porque hacerlo. Esperé ver a la rubita, y así fue, al final de la tarde. El cielo enrojecido del Levante, los naranjos y la carretera son su reino, la silla rota es su trono. Y yo, desde ayer, uno más de sus súbditos.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large is-resized"><div class="cc-attribution-box-container"><img data-recalc-dims="1" decoding="async" src="https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2012/08/530084_478674245485841_1377551222_n.jpg?resize=738%2C554&#038;ssl=1" alt="Un pueblo perfecto" class="wp-image-5876" width="738" height="554" srcset="https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2012/08/530084_478674245485841_1377551222_n.jpg?w=800&amp;ssl=1 800w, https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2012/08/530084_478674245485841_1377551222_n.jpg?resize=300%2C225&amp;ssl=1 300w, https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2012/08/530084_478674245485841_1377551222_n.jpg?resize=768%2C576&amp;ssl=1 768w" sizes="(max-width: 738px) 100vw, 738px" /><div class="cc-attribution-box"> </div></div></figure></div>
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		<title>Tres Paraguas</title>
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		<dc:creator><![CDATA[alvarourkiza]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 21 Jan 2020 19:49:07 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Abandonamos un paraguas en Tokio. No de cualquier manera, claro, sino ordenadamente, a la japonesa, siguiendo el ritual establecido. En primer lugar, al salir del parque Ueno, nos miramos a los ojos en silencio conscientes de que había llegado el momento. Enamorados y confundidos a la vez, plegamos el paraguas y buscamos un lugar donde abandonarlo. Las orillas de un banco tras las viejas pistas de tenis nos convencieron por su intimidad y sosiego. Allí [&#8230;]</p>
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<p class="has-drop-cap translator-checked translator-dont-translate">Abandonamos un paraguas en Tokio. No de cualquier manera, claro, sino ordenadamente, a la japonesa, siguiendo el ritual establecido. En primer lugar, al salir del parque Ueno, nos miramos a los ojos en silencio conscientes de que había llegado el momento. Enamorados y confundidos a la vez, plegamos el paraguas y buscamos un lugar donde abandonarlo. Las orillas de un banco tras las viejas pistas de tenis nos convencieron por su intimidad y sosiego. Allí lo depositamos casi con cariño y continuamos caminando hacia el futuro cogidos de la mano.</p>



<p class="translator-checked translator-dont-translate">Dos años antes en <a href="https://alvarourkiza.net/florencia-arte-urbano/">Florencia</a>, acuclillados a orillas del río Arno, fue el paraguas el que nos abandonó a nosotros, dejándonos expuestos a la crudeza del clima y de su ausencia. Pero en Tokio ejercimos la mala patria potestad del umbrellamiento y cerramos el círculo.</p>



<p class="translator-checked translator-dont-translate">Poco después de volver de Japón, me abandonaste tú por un conductor de tranvía sin más explicaciones que un mensaje de texto en el teléfono y una cita en casa para recoger mis cosas y dejar la llave en el buzón.</p>



<p class="translator-checked translator-dont-translate">Hoy, instalado en nuestra inconsistencia amorosa mal que me pese, he comprado otro paraguas en un bazar asiático lleno de objetos baratos pero pretendo que cargados de ilusión. Este nuevo paraguas no es muy grande aunque tiene el espacio necesario para caminar a dúo bajo su amparo. Estoy deseando encontrarte de nuevo en otra persona, llenar ese vacío y abrazar una mitad hecha de complicidades y calor que me de sentido.</p>



<p class="translator-checked translator-dont-translate">He bautizado al nuevo paraguas como hace cualquiera que se recupera de una relación rota y mira hacia adelante. Abriéndolo, bajo las cuatro primeras gotas del resto de mi vida, le he llamado por su nombre, bajito, entre dientes, pero con toda la lluvia del mundo: «Comienzo».</p>
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		<title>De laberintos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[alvarourkiza]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 01 Jan 2020 13:35:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Es sabido que los laberintos encierran en su interior un objetivo que nos impulsa a recorrerlo, a perdernos en sus vericuetos. En la maraña de caminos y la repetición de cruces confundimos las posibilidades de éxito y elegimos siempre la más previsible. El extravío es una metáfora de la vida que nos hace conscientes de la ausencia de señales indicando la ruta durante la existencia. A pesar de todo perseveramos, tomamos esa dirección por instinto, [&#8230;]</p>
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<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter is-resized"><div class="cc-attribution-box-container"><img data-recalc-dims="1" decoding="async" src="https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2021/04/tatuajes20de20laberintos3-edited.jpg?resize=412%2C467&#038;ssl=1" alt="de-laberintos" class="wp-image-11533" width="412" height="467"/><div class="cc-attribution-box"> </div></div></figure></div>



<p>Es sabido que los laberintos encierran en su interior un objetivo que nos impulsa a recorrerlo, a perdernos en sus vericuetos. En la maraña de caminos y la repetición de cruces confundimos las posibilidades de éxito y elegimos siempre la más previsible. El extravío es una metáfora de la vida que nos hace conscientes de la ausencia de señales indicando la ruta durante la existencia. A pesar de todo perseveramos, tomamos esa dirección por instinto, juraríamos que esa esquina ya ha sido traspuesta, que nos acercamos, que no giramos en redondo sobre el mismo sitio.</p>



<p>Al llegar, por sorpresa siempre, al núcleo del recorrido, sostenemos en nuestros brazos lo ansiado por desconocido. Durante unos instantes nada importa y somos felices en la fugacidad de la posesión. Después, queremos volver. El regreso es aún más difícil pues no se trata sencillamente de andar sobre pisado y llega un momento en el que no sabemos con certeza donde estamos. Se eternizan esos pasos y lamentamos amargamente haber entrado en el laberinto. Desdeñamos nuestra ambición de caminantes y al deseo que nos empujó a obtener ese premio envuelto en confusión y errores.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter"><a href="http://alvarourkiza.files.wordpress.com/2012/05/33333333.jpg"><div class="cc-attribution-box-container"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" width="1300" height="930" src="http://alvarourkiza.files.wordpress.com/2012/05/33333333.jpg?resize=1300%2C930" alt="de-laberintos" class="wp-image-4761" srcset="https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2012/05/33333333.jpg?w=1600&amp;ssl=1 1600w, https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2012/05/33333333.jpg?resize=300%2C215&amp;ssl=1 300w, https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2012/05/33333333.jpg?resize=1024%2C732&amp;ssl=1 1024w, https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2012/05/33333333.jpg?resize=768%2C549&amp;ssl=1 768w, https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2012/05/33333333.jpg?resize=1536%2C1098&amp;ssl=1 1536w" sizes="(max-width: 1300px) 100vw, 1300px" /><div class="cc-attribution-box"> </div></div></a></figure></div>



<p>Si elevamos nuestro punto de vista y observamos desde el cielo el laberinto, sucede un fenómeno curioso. Contemplamos nítidamente su dibujo y sus límites y, sorprendidos, nos percatamos de que está envuelto en otro laberinto aun mayor que lo contiene. Este, a su vez, pertenece a uno mayor y así sucesivamente. De esta constatación laberíntica no obtenemos certeza ni explicación alguna y continuamos caminando ya sin la urgencia banal de llegar a ninguna parte.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter"><a href="http://alvarourkiza.files.wordpress.com/2012/05/laberintos-abstractos.jpg"><div class="cc-attribution-box-container"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" width="1300" height="740" src="http://alvarourkiza.files.wordpress.com/2012/05/laberintos-abstractos.jpg?resize=1300%2C740" alt="de-laberintos" class="wp-image-4756" srcset="https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2012/05/laberintos-abstractos.jpg?w=1600&amp;ssl=1 1600w, https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2012/05/laberintos-abstractos.jpg?resize=300%2C171&amp;ssl=1 300w, https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2012/05/laberintos-abstractos.jpg?resize=1024%2C583&amp;ssl=1 1024w, https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2012/05/laberintos-abstractos.jpg?resize=768%2C437&amp;ssl=1 768w, https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2012/05/laberintos-abstractos.jpg?resize=1536%2C875&amp;ssl=1 1536w" sizes="(max-width: 1300px) 100vw, 1300px" /><div class="cc-attribution-box"> </div></div></a></figure></div>



<p>A veces, por casualidad, nos cruzamos con otro paseante y distinguimos si pretende ir o intenta volver, si le empuja el optimismo ciego de la realización o está sometido a la purga de la duda y el arrepentimiento. Solo en los ojos de aquel que sabe de la intrincada realidad encontramos sosiego y, sin prisa, compartimos con él unas palabras acerca del clima.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter"><a href="http://alvarourkiza.files.wordpress.com/2012/05/labyrinth_02_by_vesnasvesna.jpg"><div class="cc-attribution-box-container"><img data-recalc-dims="1" decoding="async" src="http://alvarourkiza.files.wordpress.com/2012/05/labyrinth_02_by_vesnasvesna.jpg?w=1300" alt="laberintos-alvaro-urkiza" class="wp-image-4757"/><div class="cc-attribution-box"> </div></div></a></figure></div>
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		<title>Madre Basuraleza</title>
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		<dc:creator><![CDATA[alvarourkiza]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 25 Aug 2019 14:09:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Mis Libros]]></category>
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		<category><![CDATA[Narrativa]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La Madre Basuraleza no es solo un lugar para visitar los fines de semana, un espacio de ocio familiar, la escapada perfecta para hacer deporte o bonitas fotografías. La Basuraleza es el origen de toda vida, el hogar. Perderse por los senderos de un bosque talado, caminar a la vera de un tóxico arroyo y señalar a tus hijos las diferentes especies de peces muertos. Pasear sin prisa por la playa, esquivando divertidos residuos de [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>La Madre Basuraleza no es solo un lugar para visitar los fines de semana, un espacio de ocio familiar, la escapada perfecta para hacer deporte o bonitas fotografías. La Basuraleza es el origen de toda vida, el hogar.</p>
<p>Perderse por los senderos de un bosque talado, caminar a la vera de un tóxico arroyo y señalar a tus hijos las diferentes especies de peces muertos. Pasear sin prisa por la playa, esquivando divertidos residuos de colores. Cualquier rincón de la Basuraleza sirve para sentir nuestra íntima unión con ella, su magia y su belleza.</p>
<p>Mares mejores, decorados, sulfurosos, llenos de adornos flotantes que entretienen al observador convenientemente protegido. Paseos al amanecer antes de que los rayos del sol nos impidan salir al exterior. Momentos deliciosos, como el mejor aire embotellado. Alquitrán y plástico, azufre y amianto. <a href="https://alvarourkiza.net/banda-tenaza-edward-abbey/">Basuraleza virgen</a> en estado puro.</p>
<p>¿Qué haríamos sin ella, sin nuestra Madre primera? Cuidar y apreciar la Basuraleza es primordial y debe concienciarse de ello a los más jóvenes desde el inicio de sus vidas. Los renacuajos saltan felices en sus nidos de alambre, las cigüeñas se arrastran como desde hace siglos buscando metano en el subsuelo. En el sencillo ritmo de las orugas eléctricas están todas las respuestas.</p>
<p>Verdes Vertederos Visitables. Dinero comestible que crece en los arboles. La Madre Basuraleza provee de todo lo necesario. Gases inflamables, nubecillas poéticas y letales. Mascarillas en oferta.</p>
<p>Un atardecer más, antes de que el azul manto radioactivo tiña de alegría los páramos, levantemos la vista al techo de nuestros cubículos y tecleemos un homenaje merecido a nuestra Madre Basuraleza. Antes de que sea demasiado tarde.</p>
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		<title>El Lindero &#8211; Iquitos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[alvarourkiza]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 06 Mar 2011 10:53:06 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Mis Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Relatos]]></category>
		<category><![CDATA[Narrativa]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Puede que en los últimos tiempos ellas vayan ganando, no lo sé. Cada día repito las rutinas de siempre: afilar y engrasar los machetes, caminarme el perímetro sin dejar de saludar a mis amigos y atento a cada avance de esas traviesas malditas. Me gusta mi trabajo, lo hago consciente del valor que tiene para la comunidad. ¡Que sería de Iquitos sin hombres como yo, que sería del desfile cada mañana, del paseo con las [&#8230;]</p>
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<p>Puede que en los últimos tiempos ellas vayan ganando, no lo sé. Cada día repito las rutinas de siempre: afilar y engrasar los machetes, caminarme el perímetro sin dejar de saludar a mis amigos y atento a cada avance de esas traviesas malditas.</p>



<p>Me gusta mi trabajo, lo hago consciente del valor que tiene para la comunidad. ¡Que sería de Iquitos sin hombres como yo, que sería del desfile cada mañana, del paseo con las señoritas, de los turistas! Por eso camino con la cabeza bien alta estas calle. Soy conocido, ¿sabes?</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter"><a href="http://alvarourkiza.files.wordpress.com/2011/03/nicaragua-nov-2008-510.jpg"><div class="cc-attribution-box-container"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" width="533" height="400" src="http://alvarourkiza.files.wordpress.com/2011/03/nicaragua-nov-2008-510.jpg?resize=533%2C400" alt="" class="wp-image-422" title="© Alvaro Urkiza" srcset="https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2011/03/nicaragua-nov-2008-510.jpg?w=533&amp;ssl=1 533w, https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2011/03/nicaragua-nov-2008-510.jpg?resize=300%2C225&amp;ssl=1 300w" sizes="(max-width: 533px) 100vw, 533px" /><div class="cc-attribution-box"> </div></div></a></figure>



<p>Casi me cuesta recordar cuando empezó esta aventura, esta guerra, me da miedo imaginar que será de todos cuando ya no pueda hacer mi labor. Los jóvenes no valoran hoy en día, no señor. Tuve la esperanza de que mi hijo Alfonso continuara mi tarea. Era fuerte y decidido, aprendió rapidito las rutas y los senderos, a medir con precisión los límites convenientes, los de emergencia en época de lluvias. Íbamos juntos cuando no tenía escuela desde que cumplió los siete años. A él parecía gustarle acompañarme aunque nunca dijo nada. Yo me limitaba a describirle en voz alta la tarea y en los últimos días ni eso hacía, la verdad. El sabía de sobra casi todo lo que hay que saber. Pero era sólo un niño y eso la Pacha no lo perdona. Se cobró su sueldo, tuvo su ofrenda. Es de ley, no digo que no, pero la picadura de la serpiente es dolorosa y las convulsiones de un hijo afiebrado se marcan en el alma.</p>



<p>Quien me iba a decir cuando desembarqué en aquel muelle embarrado que esta ciudad iba a significar tanto para mí. Yo que nací y crecí en el altiplano, entre vientos fríos cargados de polvo y liquen congelado. Tantos años vividos aquí protegiendo a estas gentes hermanas del avance de lianas y arbustos, de la fotosíntesis imparable que nos devoraría a todos si no la detuviera cada jornada. Siempre me ha enorgullecido defender a la ciudad mas grande sin acceso por carretera, pero estoy cansado. Miro al mundo e intento verle la cara buena, desde siempre. Te juro que lo hago, querida . Después de lo de Alfonso, vino lo tuyo; otro funeral fue demasiado. Sin excusas, era difícil aguantar el horror. Acabé viendo la belleza triste de las cosas feas y no es que eso sea un consuelo muy grande para el desesperado.</p>



<p>Sin embargo en nuestra&nbsp; casa, rodeado de fotos que poco a poco se come la humedad y de recuerdos borrosos, hoy encuentro impulso para continuar. Me sostengo en el pitido de la vieja cafetera, en los chillidos alocados de la televisión, en las páginas del calendario. Te escribo con el último rayo de luz que se cuela por las ventanas este atardecer.</p>



<p>Porque tengo que confesarte que desde aquella mañana&nbsp;mis manos no tiemblan al agarrar el machete.</p>



<p>No tenia nada especial en la cabeza al caminar los lindes ese día. Éramos el río y yo. Acercándome al sendero de Tarapoto miraba sin ver, como casi siempre, el verde rizado de la tierra. Sonaba&nbsp;la selva&nbsp;como todos los días.</p>



<figure class="wp-block-image alignleft"><a href="http://alvarourkiza.files.wordpress.com/2011/03/indonesia_3_236_2.jpg"><div class="cc-attribution-box-container"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" width="300" height="400" src="http://alvarourkiza.files.wordpress.com/2011/03/indonesia_3_236_2.jpg?resize=300%2C400" alt="" class="wp-image-419" title="© Alvaro Urkiza" srcset="https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2011/03/indonesia_3_236_2.jpg?w=300&amp;ssl=1 300w, https://i0.wp.com/alvarourkiza.net/wp-content/uploads/2011/03/indonesia_3_236_2.jpg?resize=225%2C300&amp;ssl=1 225w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /><div class="cc-attribution-box"> </div></div></a></figure>



<p>Y ella apareció en un recodo, o siempre estuvo, no lo se. Es alta, morena. Sus cabellos ondulados caen sobre los hombros pálidos. Su pecho es ancho, fuerte, denuncia un esqueleto poderoso, caderas tierra y labios cielo. Sus ojos me miraron un segundo nada más y me traspasó una emoción, algo. No me preguntes porqué, pero mi vida cambió en ese momento.  Donde ella vive no se le cortan lianas al mundo, dijo, no se marcan los lindes de la vida. Nos miramos y supe, volví a nacer o desperté; había llegado.</p>



<p>En la línea de su cuerpo vi el sentido, y en su sonrisa, en su piel, me desterré sin quererlo. Lloré como llora un anciano, como un hijo, como un volcán que escupe deseo, como una mitad que encuentra complemento.</p>



<p>Ya no duermo apenas. Anticipo sólo nuestro próximo encuentro. Sudo las noches agitado y no es de fiebre. O puede que&nbsp;sí. Nadie lo sabe más que tú, que me lees ahora.</p>



<p>A veces pienso en lo que dejo atrás, pero solo unos instantes. Además la canoa ya esta preparada. Mañana de mañana nos vamos para dentro, me llevo el rifle nuevo. Cuando me echen de menos, cuando vean&nbsp;crecer el verde&nbsp;bajo sus pies en la plaza de armas, avisad a todos que&nbsp;El Lindero&nbsp;se ha ido para siempre.</p>
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