El rostro del capitán era un mapa enmarañado, hecho con lineas de erosión y tiempo. Sus arrugas cantaban en cada sonrisa, como los surcos de un viejo vinilo. Música de ruta y calaveras, canciones de días y de noches, de puertos lejanos y naufragios vitales. Contaban historias mas allá de las palabras del marino. Y, vaso tras vaso, escuchábamos fascinados mientras la noche paseaba la costa.

Publicado por Alvaro Urkiza

Transeúnte, surfista, escritor, persona.

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