Las botellas vacías y los ceniceros llenos, los ojos cansados
y los gestos, todo señalaba la hora de los adioses.

Ella temblaba un poco en la puerta, poniéndose la chaqueta.

Fuera, viento más fuerte y hojas mojadas volando
alrededor de la casa.

Amanecía pero apenas se notaba.

¿Hace cuanto que no vuelves? pregunté al despedirnos.

Mucho, contestó. No tengo dinero y, como dicen, la nostalgia es cara.

Publicado por Alvaro Urkiza

Transeúnte, surfista, escritor, persona.

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